domingo, 14 de octubre de 2012

All quiet on the western front (1930)

Título: All quiet on the western front (1930)
Género: Bélico
Director: Lewis Milestone
Protagonistas: Lew Ayers, Louis Wolheim, John Wray


Qué hago acá? Por qué y quién estoy luchando?

Primera guerra mundial. 1914. Alemania declara la guerra y recluta soldados para mandar al frente. Durante el siglo XIX las guerras eran vistas como necesarias, estaban llenas de honor y romanticismo, los soldados que volvían, llegaban con los bolsillos llenos, tenian una vida asegurada de gloria y respeto. Ahora, el clima inicial es el mismo. Los soldados alemanes reclutados para ir a luchar por su país están llenos de esperanza, felicidad y ansiedad por ir. Les enseñan que la guerra es buena, que hay que celebrarla y que los que se enlistan voluntariamente son gente llena de coraje y valentía. Eso le venden a Paul Baumer (Lew Ayres) y a sus compañeros de clase, los cuales van corriendo a conocer su destino.

Basada en una novela escrita por un soldado alemán (Erich Maria Remarque), cuenta una historia de la realidad, de cambio de paradigmas, de introducciones a nuevas formas de pelea en la guerra. Las trincheras eran la novedad del momento, kilómetros y kilómetros de tierra cavada, de soldados cansados, enojados, empapados por lluvias y con una colonia de enfermedades a la orden del día. Los motivos de la pelea se van desvaneciendo a medida que los pobres niños empiezan a chocarse con un mundo real, con muertes reales de gente que es prácticamente igual a uno. Las batallas son cortas, sin sentido, con miles y miles de soldados muertos, heridos por bombas que salen de quién sabe donde, corridas en terrenos de no man's land (recomiendo ver Paths of Glory de Stanley Kubrick) y una lluvia de cadáveres en el medio, sea gente desconocida como sea gente que creció a tu lado. 

Paul tiene la posibilidad de volver a su casa por una licencia que le otorgan, para ver cómo la sociedad de Alemania sigue vitoreando una guerra imaginaria, una lucha gloriosa sólo en sus mentes que Paul no puede sentirse identificado. Tiene recuerdos espantosos de la guerra, daños permanentes en su mente de ver a sus amigos muertos, mutilados, sin ganas de vivir y sin motivo de seguir en esta guerra. Volver a ver a su madre agonizante le da la pauta que en realidad, ya él no es igual al muchacho iluso que se fue a luchar.

Al volver a la guerra, mata por primera vez a un hombre, un soldado francés que agoniza por un momento en un idioma inentendible para él, cosa que le genera una culpa espantosa, le pide perdón viéndolo no como el enemigo sino como un hombre que está en su misma situación, un pobre hombre que fue reclutado de la misma forma que él. Las heridas de guerra tanto físicas como psicológicas terminan siendo demasiado para Paul. Un final dolorosamente poético cierra la historia junto a una pequeña mariposa.

Teníamos 18 y empezábamos a amar la vida y al mundo. Y tuvimos que destruirlo a balazos.

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